Hablar de lujo es hablar de deseo, de exceso —en ciertos contextos— y, curiosamente, de cocina. Durante siglos, se ha servido en platos dorados, se ha cocinado a fuego lento en banquetes interminables y se ha celebrado alrededor de mesas donde la comida era excusa y el estatus, el verdadero menú. Pero para entender qué será el lujo en la cocina del mañana, conviene dar un paso atrás y mirar sus orígenes.