ESTÉTICA DE LA SUMERSIÓN

Por Texto: Amira Abultaif Kadamani. Fotos: archivo particular
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Junio
4 - 2014
Este moderno y práctico hotel boutique en Curazao fue diseñado por Juan Carlos Arcila-Duque para que jóvenes aventureros disfrutaran, incluso fuera del agua, de uno de los mayores atractivos de la isla: el buceo.

Cuando la playa, la brisa, el mar y el calor conforman el horizonte de una persona; la sencillez y el pragmatismo están adheridos a ese escenario casi por definición, esto lo tienen claro los jóvenes que andan por el mundo pescando paraísos de agua.

Juan Carlos Arcila-Duque, un colombiano criado entre Barranquilla y Santa Marta, que desde hace 20 años vive en Estados Unidos, también lo sabe. Por eso, cuando, este diseñador asumió el reto con una doble intención: probar su ingenio en un espacio comercial pensado para alojar huéspedes y además rememorar su infancia al igual que los pasos de su padre, quien de la misma manera que él empezó diseñando muebles y después incursionó en la hotelería con su propio hotel y casino, en El Rodadero.

En este caso, el inmueble que intervino Arcila-Duque fue construido en los años 70 en Otrobanda, un distrito curazaleño desarrollado en el siglo XVIII que tras su restauración pasó de ser un barrio marginal en Willemstad (la capital) a una zona histórica que expone con detalle la arquitectura colonial holandesa en el Caribe.

La renovación de esta área está en auge, y de hecho este hotel boutique hace parte de un plan maestro de sus propietarios para desarrollar un complejo hotelero que incluye un gran hotel de dos torres, con un corte tradicional y orientado a un público familiar y adulto.

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El edificio de 28 habitaciones y cuatro niveles –el primero destinado al casino– no está ubicado frente al mar (aunque queda bastante cerca) ni goza de una panorámica privilegiada, pero luego de que Arcila-Duque analizara su entorno y visualizara las potenciales de su espacio interior llegó a la conclusión de que era un lugar ideal para hospedar a viajeros apasionados por el scuba diving.

El turismo deportivo y de aventura en Curazao, particularmente el submarinismo, es amplio y reconocido, y parte de su fortaleza se debe a que la isla ofrece muy buenos servicios e infraestructura para practicarlo. Hay diversos hoteles especiales para buzos y aficionados al snorkeling, pero el ideado por el colombiano –el cual abrió sus puertas a mediados de año– se destaca por la combinación de deporte, diseño contemporáneo, accesorios de lujo, estética lúdica, sencillez y economía. Su trabajo implicó el desarrollo del concepto, el diseño de la marca Wave Hotel, la adecuación de las áreas, la construcción de la arquitectura interior y la determinación de la decoración.

“Siempre al abordar un espacio me ha gustado limpiarlo de todos los accesorios arquitectónicos para llegar a su esencia, y en ese proceso mi equipo y yo descubrimos un hotel con áreas muy reducidas, techos ondulados metálicos con un estilo industrial y una cubierta inclinada, características propias de la arquitectura holandesa”, explica Arcila-Duque.

El arquitecto quiso entonces crear un lugar estéticamente muy limpio y sencillo que ofreciera todas las comodidades para un buceador, pero que no cayera en la frialdad de un espacio totalmente blanco, “se me ocurrió que cada piso habitacional tuviera un color: el primero es naranja como homenaje al tono insignia de Holanda; el segundo es verde como el dólar –una de las monedas más usadas en la isla– y el tercero y último es azul, como el cielo caribeño”, agrega.

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Con esa premisa, la luz artificial se convirtió en el eje para darle a cada planta un carácter diferencial. Apelando a la experiencia que tiene Philips en la creación de ambientes lumínicos, el colombiano optó por emplear en las habitaciones y los pasillos luces led escondidas en los techos que bañan las áreas de anaranjado, verde y azul, cuya intensidad se puede graduar desde el iPad disponible es cada habitación. Para enfatizar cada tono, hay lámparas de mesa y de pie en esos mismos colores.

“Los muchachos que bucean vienen de ver tanta luz blanca afuera que quería que cuando regresaran al hotel tuvieran una luz diferente y divertida; mi idea era crear para ellos una atmósfera moderna y festiva, un poco lounge”, señala Arcila-Duque. Por eso, además de la sugestiva iluminación, los pasillos tienen música estilo lounge que es cambiante en cada piso. Al interior de las habitaciones hay bafles portátiles a los cuales los usuarios conectan su iPhone o iPod para escuchar la música de su preferencia. “Así, con modernos gadgets, la diversión o el relax, dependiendo de lo que cada uno quiera, también se puede vivir puertas adentro”, concluye él.

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