Una casa de campo para vivir en familia en los cerros del barrio el Poblado en Medellín

Por Gabriel Hernandez
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Marzo
14 - 2022
Crédito de la foto: Carlos Tobón - producción: Ana María Zuluaga
En esta casa, ubicada en los cerros sudorientales de Medellín, las proporciones del espacio y el trabajo riguroso de la madera recuerdan la arquitectura moderna del siglo XX.

Un volumen de superficies con apariencia de madera, apoyado sobre largos muros de piedra, es la primera impresión que da esta casa construida en un terreno en los cerros del Poblado, al suroriente de Medellín. La intención del diseño, como lo explica el arquitecto antioqueño Luis Porto, fue marcar un contraste entre la estructura de soporte, caracterizada por la textura de las lajas de piedra, y el contenedor que se le sobrepone, que luce como si se hubiera dejado allí al azar.

      La fachada de la zona del garaje y los servicios, un muro que guarda la privacidad del ala de alcobas del primer piso y el talud del terreno enmarcan una plazoleta de acceso que conduce a la entrada, sombreada por la proyección de una esquina del volumen del segundo nivel.

Al ingresar, las proporciones del espacio, el diseño sin ornamento y el trabajo austero de la madera recuerdan el rigor de la arquitectura moderna de mediados del siglo XX: una sensación que se refuerza con el uso de muebles evocadores del diseño italiano de la década de 1950 y la presencia siempre impactante de las poltronas Eames, una en el salón comedor contra el muro de la biblioteca enchapado en nogal y otra en el estar de alcobas del primer piso junto a un sofá en “L”, tapizado en cuero marrón.

El muro revestido en piedra soporta los pasos en voladizo de la escalera que sube al estudio y a la habitación principal. Al fondo, una fotografía de Adriana Duque.

En todos los pisos, la madera de sapán es el material por excelencia, incluso en la cocina, donde lo usaron en listones instalados en espina de pescado, en armonía con el mesón enchapado en nogal y con la superficie de trabajo de granito levigado. Aquí, como en otros sitios de la casa, el uso de un tramado metálico frente a las ventanas le da continuidad al plano de la fachada y mantiene la privacidad de los ambientes interiores, a la vez que permite la vista y la entrada de luz.

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Peldaños en voladizo incrustados en el muro de doble altura del vestíbulo, conducen al segundo piso, donde el estudio privado y la alcoba principal están unidos por un extenso corredor que justifica su longitud con un ventanal continuo de piso a techo que recorre toda la fachada y abarca la vista a los árboles y las montañas.

En el dormitorio, el ventanal se abre mediante puertas deslizantes para dar acceso al balcón con baranda transparente sobre el bosque y la quebrada. La amplitud, la luz y la sobriedad de los muros blancos crean el entorno adecuado para lucir la colección de arte de los propietarios, en la que se destacan fotografías de Adriana Duque.

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1.479 metros sobre el nivel del mar, Medellín tiene un clima medio entre 16 y 28 ºC, que se refresca a la altura de la ubicación de la casa, unos 200 metros arriba del nivel promedio de la ciudad. Esta condición de temperatura es aprovechada en espacios como la terraza del estar de alcobas, donde la proyección del volumen del segundo piso cubre un ambiente y deja al descubierto el sitio de la parrilla de asados, incrustada en un nicho en el muro con revestimiento de piedra que delimita el espacio.

Por su orientación, la casa abre las fachadas de los espacios sociales y las alcobas hacia el poniente, por lo que estos frentes se dotaron con generosos voladizos que protegen el interior de la intensidad del sol de la tarde.

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El clima, la vegetación y la vista invitan a alternar el uso de los espacios interiores con el disfrute del exterior. Para permitir y enriquecer esa relación, la disposición de los volúmenes del primer piso genera semipatios, como el de la entrada o como los que se forman entre el ala de habitaciones y el área social, y entre esta última y el bloque de servicios.

También aparecen esquinas como la de la sala principal, donde un impresionante ventanal continuo con vidrios de piso a techo se abre por completo al jardín y a la vista del valle de Aburrá.

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