Una casa de campo en Tabio, Cundinamarca diseñada para el descanso

Por María Juanita Becerra
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Noviembre
29 - 2021
Crédito de la foto: Iván Ortiz - producción: Mariana Arango
Esta casa de campo nace con la premisa de alejar a sus habitantes por unos momentos de las presiones del día a día, del ajetreo y caos de la ciudad.

Incrustada a más de 3.000 metros de altura en la vereda Río Frío Occidental, en Tabio, Cundinamarca, esta casa de campo fue erigida como las típicas viviendas de las que hoy se conservan tan solo unos cuantos ejemplos. Desprovista de conexiones a infraestructuras de servicios tecnológicos como internet e, incluso, a la red de acueducto, pero con técnicas constructivas de última generación, consigue recrear las condiciones de vida de décadas atrás sin renunciar a las ventajas del presente, como la aplicación de métodos de ensamblaje para la construcción.

La cubierta está diseñada
para recoger las aguas
lluvias y así ser una
vivienda autosuficiente.


La propuesta es apartarse por completo del estilo de vida urbano, anclado al uso de dispositivos tecnológicos y sumergido en el caos y la agitación de la ciudad. De acuerdo con el concepto de sostenibilidad, la cubierta de 84 metros cuadrados de área permite recoger las aguas lluvias y, así, lograr que la vivienda sea autosuficiente.

Adicionalmente, la totalidad de elementos arquitectónicos y estructurales fueron producidos industrialmente a base de madera: “La empresa Woodmade fabricó las piezas que luego se ensamblaron in situ. De sta manera redujimos los costos de mano de obra y minimizamos el impacto ambiental sobre el entorno”, comenta el arquitecto Juan Ortiz, quien junto con el ingeniero civil Santiago Ortiz fundó la firma Dos Ortiz.

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En cuanto a la distribución, en no más de 49 metros cuadrados concibieron el programa arquitectónico, compuesto por sala, comedor, cocina, dos alcobas y dos baños. “Para optimizar el área disponible suprimimos las circulaciones. Al ubicar las habitaciones a lado y lado de la sala logramos evitar los corredores, innecesarios en este caso”. Además, gracias a que emplearon piezas prefabricadas de madera, el grosor de los muros se redujo en un 80 %, ahorro que se tradujo en un aumento en la cantidad de espacio interior.

Por otro lado, uno de los mayores desafíos consistió en las dificultades relacionadas con la localización de la casa: “Construir a 3.000 metros de altura en apenas un mes supuso todo un reto, pues el acceso al lugar es complejo”. Con escasos metros cuadrados, la casa ofrece lo esencial para la vida, pero sobre todo permite abstraerse de la cotidianidad urbana, cuyas presiones con frecuencia nos agotan. ■


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