Esta casa de diseño amigable a las afueras de Bogotá puede ser la de sus sueños

Por Fotografía: Iván Ortiz. Producción: Mariana Osorio. Texto: Eugenia Gaviria.
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Junio
16 - 2014
Volúmenes puros, formas básicas y el uso del concreto a la vista como el material predominante son los elementos que definen esta casa, de 900 metros cuadrados, diseñada por el arquitecto Konrad Brunner y su hijo Alexander.

Los dueños querían que su casa, localizada a las afueras de Bogotá, fuera transparente, fresca y con ventilación natural, pero en las épocas más húmedas y calientes se cerrara para aprovechar el sistema de aire acondicionado. Pensada para albergar muchos miembros de una familia, está fragmentada en varios volúmenes independientes para permitir más corrientes de aire, ideales para una estructura compacta.

En el primer volumen, espacio social, se distribuyen la sala y el comedor, ambos con acceso directo a la terraza y a la piscina, dos lugares para acoger visitas, cenar y simplemente estar. La cocina, ubicada en un extremo, está orientada hacia el deck de la piscina y fue pensada como una caja de vidrio, relacionada a través de un puente con el comedor.

Con la ventaja de tener la mejor vista, en el segundo nivel de este bloque se planteó el estudio del dueño, un espacio con total privacidad, gran iluminación y absoluta tranquilidad para leer, trabajar o descansar. La ubicación de la piscina en esta planta superior está protegida y aislada, pero mantiene la panorámica hacia el paisaje sobre el cañón.

En el siguiente bloque, ubicado un nivel más bajo que el primero para rodear la piscina, proyectaron la alcoba principal y dos habitaciones más, cada una con terraza y vista sobre el jardín y la montaña.

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En el nivel inferior se encuentran tres dormitorios con sus respectivos baños y un cuarto de juegos, todos como piezas independientes que se conectan por un camino de gravilla y concreto, un paseo que se hace entre especies nativas y un muro verde, a cargo de Ramiro Olarte.

El arquitecto Brunner define la casa como “un pequeño pueblo con calles y carreras”. Conclusión a la que llega a raíz de entender que la vivienda está compuesta por volúmenes posicionados en un terreno inclinado, lo cual permitió manejar distintos niveles, todos pensados de tal forma que interactúen entre sí y, a su vez, conserven suficiente distancia entre las piezas para leerse como entes independientes y permitir diversos ambientes. Su recorrido puede realizarse en varios sentidos y maneras.

Otro tema fundamental fue el uso del concreto como material predominante, decisión que estuvo relacionada con la constante inquietud del arquitecto sobre cómo sería la vejez de la casa en unos 10 o 15 años.

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Con un clima ante todo húmedo y una vegetación de rápido crecimiento, determinó que con el tiempo produciría una pátina de musgo y líquenes la cual se adhiere a los muros para facilitar su mezcla con el paisaje.

Finalmente, esta arquitectura de formas simples y contundentes se sobrepone a la complejidad orgánica del entorno para generar un sutil contraste, pero ante todo crea conexiones físicas con la naturaleza. Todo esto la convierte en una casa amigable y ecológica, como la describen sus orgullosos dueños.

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