Una refugio diseñado para compartir en familia y nunca querer salir de él

Por Fotografía: Sergio Gómez. Producción: Lia Vélez. Texto: Gabriel Hernández.
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Junio
5 - 2014
Una pareja y sus padres comparten una casa de fin de semana a las afueras de Medellín. El diseño arquitectónico tuvo como premisa la creación de áreas de encuentro común y de espacios privados.

La dinámica de las relaciones familiares requiere espacios y momentos para interactuar en grupo, para reunirse en pareja o para estar a solas. Así lo sentía una pareja cuando le encargó a M.V. Arquitectos el diseño de una casa de fin de semana para disfrutarla en compañía de sus padres.

Como lo explica Iván Quintero, responsable del diseño junto con Mauricio Vélez de Bedout, el reto consistió en garantizar la independencia para cada pareja y ofrecer un espacio social para las dos que sirviera, a su vez, de volumen articulador del proyecto.

A partir de ese concepto, la casa de 410 m2 construida por Consycon, se distribuye en una planta en forma de “T” con un tramo de garaje y servicios que marca el acceso, el cual remata en la amplia zona social con cubierta inclinada de doble altura que se abre a los jardines y al sol de la tarde. Además, a ambos lados de la zona social aparecen las alas privadas para los dueños de casa y sus padres. Cada sección se puede aislar de la zona social mediante puertas corredizas.

El esquema permite que toda la casa esté comunicada. Las alcobas cuentan con un estar independiente y una habitación auxiliar de manera que al correr la puerta, la privacidad no signifique encierro o incomodidad.

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Libertad y calidez

Caracterizado como un generoso lugar de encuentro, el espacio social integra la sala y el comedor con la cocina. Además, tiene salida a una terraza con piso de madera bajo una pérgola colgante que sirve de alero para proteger el interior de la casa del sol de la tarde. A un lado de la terraza, un jacuzzi extiende las posibilidades de recreación y descanso.

Para el espacio común, los arquitectos especificaron un enchape de muros en lajas de mármol Royal Veta de siete centímetros de ancho, que se usa en el interior y en las fachadas, mientras que las alas de alcobas y servicios las pintaron de blanco. Apoyado en los muros de la sala, un pórtico en tono marrón –de aproximadamente seis metros de alto por 27 metros de largo– abraza e integra los volúmenes de las alcobas que presentan giros en su geometría para aprovechar las visuales que ofrece el terreno de 2.300 m2.

El uso de la madera en las vigas del cielo raso, en las persianas del salón y en las puertas corredizas da una sensación de calidez y abrigo que se afirma con la chimenea que divide la sala del comedor, la cual cuenta con un sistema de combustión de gas que no requiere ducto de desfogue. Los tonos de la madera y el mármol enlistonado de los muros armoniza con la tonalidad café de los sofás de cuero y con la textura rústica de la mesa de centro de la sala desde donde se ve la cocina blanca con equipamiento de acero inoxidable y piso enlosado en gris carrara.

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La sensación libre y aérea de esta casa se debe en parte a un concepto estructural de grandes luces diseñado por el ingeniero Luis Roberto Correa, que da como resultado una arquitectura que admite la claridad y la transparencia, como se aprecia desde la pasarela de piedra que cruza sobre un espejo de agua a la entrada.

Un rasgo distintivo de la casa es el amoblamiento y la decoración, que combinan elementos modernos y tradicionales los cuales sugieren un diálogo entre dos generaciones que comparten y disfrutan un mismo espacio.

 

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