Las oficinas del piso 25 de la Torre Atrio en Bogotá, llenas de vegetación y luz natural

Por Rodrigo Toledo
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Abril
4 - 2022
Crédito de la foto: Alejandro Arango - Pequeño Robot
El piso 25 de la Torre Norte del proyecto Atrio, en Bogotá, está destinado para áreas que promuevan el encuentro en medio de la vegetación y la luz natural con el propósito de fomentar la creatividad y disminuir el estrés en las oficinas.

En muchas ciudades colombianas las normativas urbanas que rigen la construcción de edificios determinan que estos deben tener una parte destinada a zonas comunes para la copropiedad. En proyectos de oficinas, estos espacios suelen definirse como cafeterías con algunas mesas para que los empleados puedan almorzar y regresar rápidamente a sus puestos de trabajo. Por lo general, se les presta poca atención desde el diseño y suelen resolverse con el mobiliario y la dotación mínimos necesarios. No obstante, en el piso 25 de la Torre Norte del complejo Atrio, en Bogotá, la firma Arpro Arquitectos Ingenieros aprovechó esta oportunidad para componer un vestíbulo en el que los habitantes del inmueble pueden encontrarse en un entorno lleno de vegetación y luz natural.

El equipo de trabajo encargado del diseño de este espacio colectivo estuvo dirigido por las arquitectas Diana Díaz y Adriana Salgado, en alianza con la diseñadora Estefanía Neme, y contó con el apoyo de los arquitectos Manuela Castro y Óscar Malagón. La propuesta parte de entender que las áreas de uso común en entornos corporativos no solo deberían permitir almorzar, sino promover el encuentro social en un ambiente que estimule la creatividad y contribuya a disminuir el estrés.

Gracias a la planta abierta sin muros, todo el espacio disfruta de luz natural mientras se orienta al paisaje urbano.

Con esto en mente, la arquitectura del proyecto se beneficia de la planta libre de muros para generar rincones con usos diversos mediante la posición y el diseño del mobiliario. Así, al acceder aparecen nichos de madera para encuentros de dos personas; también pequeñas estancias amobladas como el salón de una casa, otras circulares con sofás curvos en torno a una mesa central. Solo una sala de reuniones está contenida en una caja de vidrio acústico con el fin de garantizar la privacidad sin comprometer las relaciones visuales con el resto del lugar. En medio del espacio surge una serie de bancas sinuosas, enfrentadas entre sí, con jardineras integradas donde sembraron especies tropicales. Este oasis construido permite la contemplación y el aislamiento parcial gracias a la cortina vegetal que crea.

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Muchos de los muebles utilizados son de diseñadores y empresas locales como José David del Portillo, Claudia Hakim y Servex, entre otros. La geometría curva de estas piezas determina la expresión del proyecto y, a su vez, rompe con la estandarización propia de las oficinas tradicionales. La decisión de no adosar ningún elemento a la fachada acristalada del edificio garantiza la presencia del paisaje urbano en el interior y el acceso a la luz natural.

El diseño de los muebles define la manera en la que se usa el espacio, desde pequeños nichos para dos personas hasta la gran sala de reuniones.

Si las áreas para el trabajo suelen diseñarse en favor de la eficiencia, este vestíbulo aéreo surge desde lo fortuito, desde el descanso, el juego y la colaboración que ocurren en encuentros casuales y
desprevenidos. La holgura espacial que se logra en él permite la distancia social sin recurrir al aislamiento. En palabras de Estefanía Neme, el piso 25 de la primera torre construida de Atrio fue concebido para salir del edificio sin realmente hacerlo. ■

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