La transformación de un apartamento tradicional bogotano de 250 metros en un lugar cálido y contemporáneo

Por Camilo Garavito
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Marzo
2 - 2022
Crédito de la foto: Andrés Valbuena - producción: Ana María Zuluaga
Un imponente volumen de madera organiza los espacios sociales y la circulación al área privada en la remodelación de este apartamento en el norte de Bogotá.

En 250 metros de extensión, este inmueble alberga tres alcobas con sus baños, un family room y un área social compuesta por salón, comedor y cocina, totalmente integrados en el espacio. El concepto detrás de su renovación, llevada a cabo en conjunto por el arquitecto Santiago Muñoz, fundador de Andamio Arquitectura, y la diseñadora Genoveva Mayoral, fue “escapar del estereotipo del apartamento tradicional, con una zona social conectada a través de un corredor con las habitaciones en la parte de atrás”.

La piedra de la cocina, con sus vetas y colores suaves, resalta como punto focal en el espacio.

Con esto en mente, los diseñadores plantearon la distribución interna del apartamento como una planta libre en la que aparece un volumen de madera que incorpora la biblioteca, el baño social y la zona de ropas, al que se accede por medio de una puerta invisible, embebida y mimetizada en el plano exterior de la caja.

El ambiente del comedor se hace más bajo al incorporar un cielorraso de madera para generar mayor riqueza espacial al interior.

La presencia de este volumen central, dilatado del techo e iluminado a partir de luces indirectas que lo resaltan, organiza los espacios y circulaciones en torno suyo y mantiene una zona social amplia y fluida, completamente separada del área privada, a la que se accede a través de una circulación que remata en el family room para luego llevar a las habitaciones.

El mobiliario y la decoración lo plantean con un lenguaje diverso y ecléctico, que en conjunto termina dándole unidad estética al lugar.

Sus propietarios son apasionados por la comida y la cocina, y muchas de sus interacciones sociales giran alrededor de este ambiente, razón por la que se convirtió en protagonista. Los colores y las vetas de la textura de la piedra, utilizada de manera extensiva tanto en la isla como en el mesón y el salpicadero, contrastan con el entorno cálido y homogéneo de la madera, para hacer de este lugar el centro visual del espacio.

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El volumen central de madera se dilata del cielorraso y se ilumina a partir de luces indirectas para resaltar su presencia en el espacio.

Por su parte, el comedor es más bajo que el resto de la zona social. Su cielorraso, acompañado por el umbral que lo divide de la cocina, refuerza el concepto de la caja de madera. Remata como telón de fondo un extenso bar, también de madera, que alberga una cava y una nevera que acomoda la colección de vinos y licores.

“Se usaron muy pocos materiales: madera, concreto, lámina de metal y mármol, para generar un diseño limpio y con carácter”, comenta su arquitecto. La deliberada restricción en la paleta crea un ambiente cálido y monocromático. Las diferentes formas y texturas de la madera, a veces dispuesta en paneles, a veces alistonada, se complementan con los visos y colores de la piedra y la presencia del metal que compone la chimenea y llena de vida y variedad un área predominantemente homogénea.

“Las definiciones establecidas por el diseño arquitectónico generaron un look masculino”, apunta Genoveva Mayoral. Por esta razón, su intervención en el espacio se centró en consolidar el lenguaje que usa la arquitectura, “incorporando toques que lo complementaron”. El espacio de la sala, amplio e ininterrumpido, lo amoblaron con dos sofás, una poltrona y una mesa de centro grande.

“La idea era tener pocos elementos, pero contundentes, para darle mejor proporción y tamaño”. Todos están dispuestos sobre un tapete de color claro y fibras delicadas, elaborado por el arquitecto y diseñador textil Jorge Lizarazo, que compusieron durante el proceso con el objetivo de darle unidad a la intervención. “Llena de luz el lugar”, afirma la diseñadora. “La biblioteca y la madera descolgada sobre el comedor son los elementos protagónicos en la zona social”. Con el fin de mantener la limpieza y el carácter que plantea el lenguaje arquitectónico, la decoración es sutil para no competir con estos elementos.

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Pequeños toques, como el verde de las sillas del comedor y la isla de la cocina, o el taupé de las puertas de las alacenas, aportan contraste y frescura al espacio social, además de otorgarle un carácter dinámico sin ser excesivo. Los pufs tejidos rompen con el resto de la decoración, acompañados de diseños clásicos como la poltrona Eames.

El lavamanos del baño social, embebido en una caja de madera, resalta por el fuerte carácter de sus vetas. “Buscamos generar un contraste, salir de lo tradicional”. Las obras de arte aparecen en diversos espacios, siendo esta otra de las pasiones de sus habitantes. Seleccionadas en compañía de la galería La Cometa, las incorporaron al estilo del apartamento. Este hogar es una combinación ecléctica donde “cada elemento habla por sí mismo, con un lenguaje propio, pero al ponerse en conjunto con los demás objetos crean un lenguaje común”. ■

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