La madera como protagonista de este apartamento Bogotano de Daniel Bonilla

Por Camilo Garavito
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Diciembre
16 - 2021
Crédito de la foto: Mateo Perez
La geometría irregular de la planta de este apartamento hacía que no se aprovecharan al máximo sus 270 metros cuadrados. Una interesante remodelación le dio un nuevo aire.

Marcela Albornoz y Daniel Bonilla, arquitectos bogotanos, son socios fundadores del Taller de Arquitectura de Bogotá –TAB– y, en el caso de este apartamento, también sus constructores. El apartamento original fue diseñado por Arias Serna Saravia hace más de veinte años, de manera que la intervención llevada a cabo por los arquitectos se convirtió en una remodelación total. “El concepto se centró en trabajar todo el espacio a partir de solo dos materiales”, comenta Bonilla. Por un lado utilizaron de manera extensiva la madera para aprovechar su textura y calidez, y por el otro aparecieron el mármol y el pañete, con su composición algo más fría, para generar un contraste. “Fue casi un ejercicio de diseño monocromático”, enfatiza Albornoz.

Paneles pivotantes
separan la cocina
del salón-comedor.

La vivienda cuenta con 270 metros cuadrados de área y 2,4 metros de altura, con una geometría algo irregular que
expresa la estética de la época en la que fue diseñado. Para aprovechar mejor el espacio decidieron intervenir su perímetro por medio de nichos y bibliotecas, que albergan y exhiben libros y objetos, a la vez que le dan
profundidad a la fachada.



La madera surge a lo largo del apartamento de múltiples formas. “Buscamos trabajarla no solo como superficie, sino
también como textura”. Al interior del área social, cuatro paneles pivotantes separan y a la vez integran la cocina y el salón-comedor. Tejidos en este material, su presencia ofrece un juego de luces. “Desde la cocina generan un efecto de contraluz, mientras que desde la sala aparecen como un tamiz entre los espacios”.

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La madera y la piedra son
los materiales predominantes en
la remodelación de este apartamento.



También en la cocina la madera es protagonista. Desplegada estratégicamente, su función de ocultar puertas y objetos da una imagen más refinada y menos utilitaria. “Quisimos que no se viera como una cocina, que desaparecieran los electrodomésticos del paisaje”. Con este mismo objetivo surge el nicho que alberga la estufa, construido en Neolith gris oscuro para homogeneizar el color y disimular su presencia. La isla central, que se eleva sobre el suelo, permite que la piedra, al pasar de manera ininterrumpida, enfatice el contraste y aquella relación monocromática entre los dos materiales.

En la alcoba principal un
bastidor suelto de madera
separa el baño.

En la habitación principal plantean una estrategia similar. Las puertas de los clósets se ocultan a partir de superficies extensas de madera. Un bastidor suelto en el área separa la alcoba del baño, espacio en el que la piedra del suelo sube a los muros y contrasta con algunos elementos de madera alistonada que esconden los cajones. En todos los
ambientes el diseño “es prácticamente una mezcla entre ambos materiales”.

En cuanto al mobiliario, el arte y la decoración, el apartamento exhibe una colección de objetos que han surgido en la vida de sus habitantes sin una línea de diseño en particular. Recuerdos de viaje, coincidencias de momentos, elementos que representan la cultura o tradición de lugares visitados que llamaron la atención por sus cualidades estéticas. Entre ellos resaltan algunas piezas heredadas de la antigua casa de Dicken Castro, adquiridas para darles una
segunda vida en este nuevo hogar.

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