Este es el patrimonio arquitectónico del Teatro Colón en Bogotá

Por Maria Juanita Becerra
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Julio
1 - 2022
Crédito de la foto: Ministerio de Cultura
Con una inversión superior a los 130 mil millones de pesos, el nuevo Centro Nacional de las Artes / Teatro Colón abre las puertas de sus tres salas para consolidarse como un espacio de difusión de las artes escénicas.

En un sentido amplio, el patrimonio arquitectónico está conformado por una serie de construcciones del pasado, cuyos valores tangibles e intangibles son atribuidos por la sociedad en la que se asientan. El Teatro Colón, en Bogotá, forma parte del patrimonio arquitectónico no solo de la ciudad, sino de la nación, en virtud de lo que representa en términos históricos y culturales. 

Su historia se remonta al siglo XVIII, periodo en el que los territorios de América Latina formaban parte de la corona de España. En el Nuevo Reino de Granada, el teniente José Tomás Ramírez, miembro élite del antiguo régimen, tomó la decisión de construir un teatro que, una vez concluido, fue llamado Coliseo Ramírez. Este sería el primer antecesor del Teatro Colón. 

Más adelante, en los albores del siglo XIX, el Coliseo Ramírez fue remodelado y adquirido por Timoteo Maldonado. A partir de ahí cambió su nombre a Teatro Maldonado. En 1885, durante la presidencia de Rafael Núñez se decidió expropiar con la finalidad de transformarlo en un nuevo teatro nacional de estilo italiano.  Debido a que en ese entonces no existía una escuela de arquitectura en Colombia,  los arquitectos contratados para los edificios de gran envergadura eran principalmente extranjeros. En el caso del Teatro Colón, el escogido fue el italiano Pietro Cantini, quien no solo lo diseñó, sino que permaneció en el país durante cerca de cincuenta años para desarrollar importantes obras, algunas consideradas monumentos nacionales. 


Según datos del Ministerio de Cultura, más de 1500 artistas, nacionales e internacionales, se beneficiarán con este megaproyecto, que espera recibir a más 50.000 espectadores al año.


Uno de los mayores desafíos que enfrentó Cantini fue la ausencia de mano de obra especializada, de ahí que haya sido necesario contratar personas también extranjeras para que llevaran a cabo las reformas y, a su vez, fungieran como instructoras de los trabajadores locales. Así, el proyecto adquirió una función pedagógica en la que se formó un amplio número de maestros de obra. El edificio se inauguró el 12 de octubre de 1892, fecha en la que se conmemoraron los 400 años del Descubrimiento de América. 

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Pasados 120 años, la imagen del Teatro Colón fue transformada con el fin de adaptarlo a las condiciones actuales y, al mismo tiempo, recobrar su espíritu inicial, de servir como una escuela de artes y oficios. Según Alberto Escovar, director de Patrimonio del Ministerio de Cultura y líder del proyecto, “esto es lo más  bonito, poder recuperar la vocación artística y cultural con la que fue creado”. 


“Este es un proyecto que se inicia en el año 2008, cuando se toma la decisión de hacer el reforzamiento estructural del Teatro Colón. Al ser un edificio antiguo, aparecen dos caminos: el de conservarlo como el Teatro Nacional de Colombia o convertirlo en un museo y construir un nuevo teatro en otro sector de la ciudad”. Finalmente, se toma la decisión de que continúe siendo lo que es, pero con un programa de ampliación que incluye la compra de predios aledaños, en el costado norte, para la creación de un complejo arquitectónico: el Centro Nacional  de las Artes. Para ello se solicita un Plan Especial de Manejo y Protección, PEMP, que garantice que las obras por realizar en las inmediaciones del Teatro Colón no lo afecten. 


Se convoca un concurso dirigido por la Sociedad Colombiana de Arquitectos, SCA, en el que gana la propuesta del estudio medellinense Aqua & Terra Arquitectos. El nuevo diseño del Centro Nacional de las Artes-Teatro Colón incluye una sala de 360 grados; una sala alterna –la Delia Zapata Olivella–, con capacidad para 511 personas, y una sala de ensayos para la Orquesta Filarmónica de Bogotá, que no contaba con un espacio para ello. 


Adicionalmente, se hizo un conjunto de talleres de teatro, danza, maquillaje y vestuario, con el propósito de que
se transforme en un verdadero centro de producción. También se crearon parqueaderos, restaurantes y una plazoleta que vincula el nuevo Centro Nacional de las Artes-Teatro Colón con el Centro Cultural Gabriel García Márquez. 

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Este trabajo “surte una serie de procesos, incluido un PEMP y un concurso abierto, siendo resultado de una cuidadosa selección y convirtiéndose en un proyecto de Estado-Nación”. ■ 

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