Contrafuerte: la firma de arquitectura colombiana cazadora de conceptos

Por Daniel Zamora
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Diciembre
20 - 2021
Crédito de la foto: Iván Ortiz

“Empezamos generando imágenes y renders”, se apresura a decir Nicolás Mujica, uno de los creadores de Contrafuerte. Era 2013 y a partir de ahí la combinación de un buen trabajo y el voz a voz hacieron que la firma creciera. “En los últimos años hemos hecho alianzas con Giancarlo Mazzanti –que junto a la firma Cinco Sólidos y Rogelio Salmona son algunos de sus referentes profesionales–, nos hemos asociado con otras empresas, con amigos. Estamos marchando para crecer”.

Fotografía: Cristina de la Concha, cortesía Contrafuerte

El sello de Contrafuerte es no tener un sello –ni forma definida–: “No nos casamos con ningún uso, no nos centramos solo en vivienda o concursos; cada proyecto es un mundo diferente y de todos aprendemos. Eso es lo que siempre hemos querido hacer: innovar”, explica Felipe Robayo, otro de los cofundadores que, con el tiempo y junto a
Nicolás Mujica, se volvieron una especie de cazadores de conceptos con los que guían el diseño de sus obras. Este par de socios –y más que socios, amigos– se graduaron juntos como arquitectos de la Universidad de los Andes, tienen 33 años y reconocen que el haber empezado a trabajar desde los aspectos más pequeños del diseño fue el insumo necesario para asumir retos más grandes. Mujica revela que “somos casi una pareja. Yo le digo a mi esposa que Felipe parece mi verdadero esposo: nos vemos todos los días y somos superintensos, por eso es importante la paciencia y colaborar. Ninguno tiene esa figura del arquitecto sabio, el maestro, ese ego no existe”.

Para la remodelación de esta vivienda, los arquitectos de Contrafuerte conservaron valiosos elementos de otra época para mezclarlos con ingredientes contemporáneos y luz natural.

“Más que dividirnos el trabajo, es complementarnos –explica Felipe Robayo, profesor de Arquitectura en los Andes desde hace tres años–. No creemos conocerlo todo, siempre nos cuestionamos el porqué hacemos esto, qué pasa si hacemos lo otro, es una forma de trabajar que nos ha funcionado, los dos hacemos todo”. Ambos coinciden en que parte de su éxito tiene que ver con la pasión y la obsesión por los detalles; además, el hecho de ser socios y amigos les resulta una ventaja, pues comparten intereses y objetivos desde antes de ser colegas, lo que los direcciona a cumplir metas comunes “en medio de un buen ambiente. La pasamos bien”, concluye Robayo.■

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