Ciudad de Mallorquín: un innovador proyecto del Área Metropolitana de Barranquilla

Por Revista AXXIS
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Diciembre
9 - 2021
Con una ubicación privilegiada cerca del mar Caribe y del río Magdalena, este innovador proyecto rompe paradigmas y se convierte en un referente de talla internacional, que demuestra que el capitalismo consciente es un modelo exitoso para clientes, comunidades, el medioambiente y la sociedad

Ubicada en el municipio de Puerto Colombia, dentro del Área Metropolitana de Barranquilla, Ciudad de Mallorquín –un proyecto de Grupo Argos– es la prueba de que el conflicto entre el desarrollo, la conservación del medioambiente y la calidad de vida de las personas no es una constante, y que, por el contrario, el balance es la mejor palanca para generar valor en beneficio de cada uno de los grupos de interés asociados a un proyecto de esta magnitud. A Daniel Sarabia, gerente de urbanismo del negocio de desarrollo urbano en Grupo Argos, le cuesta disimular la emoción que siente al hablar de este proyecto.

El camino no ha sido fácil, pero para Grupo Argos resulta gratificante probar que se pueden romper paradigmas y lograr cosas maravillosas. “Aquí no solo se tuvieron en cuenta los intereses de los accionistas de la empresa, sino que partimos de entender las necesidades de las comunidades y se estableció un diálogo constante con las autoridades para generar valor compartido”. La propuesta, para muchos quijotesca, surge de la posibilidad de desarrollar grandes extensiones de tierra que Grupo Argos había comprado hace cinco o seis décadas para extraer caliza, materia prima del cemento.

Con el tiempo, vieron en estas zonas una oportunidad para planear ciudades con altos estándares de urbanismo y ofrecer a sus habitantes una mejor calidad de vida. “En Barranquilla y su área metropolitana teníamos mil hectáreas. Solo en esta ciudad nuestro desarrollo permitirá que cerca de medio millón de habitantes cuenten con una vivienda de primera calidad, lo que constituye una ciudad dentro de otra”, explica Sarabia, quien admite que el reto fue enorme, puesto que se tuvo que poner sobre la balanza una cantidad de consideraciones, entre ellas las económicas, sociales y ambientales. “Partimos de la pregunta: ¿cómo se diseña una mejor ciudad?”. Lejos de tener una aproximación individualista, desde Grupo Argos invitaron a varios expertos de diferentes disciplinas, de los sectores público y privado, y miembros de la comunidad, a participar en el proceso de concepción. “Surgieron factores como la importancia de tener centros educativos cerca, y por ahí empezamos a vender la tierra, a pesar de que desde una mentalidad netamente capitalista este no sería el mejor negocio. La tierra vale lo que construyes en ella, y un colegio no genera lo que un centro comercial o el uso residencial”. No obstante, el objetivo era buscar la manera de construir una mejor ciudad. Siguieron los centros de salud, servicios y movilidad, que no solo significan vías, sino conectividad peatonal, ciclorrutas y espacio para la llegada del transporte público. Esto, a su vez, redunda en una menor huella de carbono. “Pensamos en lo que era importante para las familias, quisimos aproximarnos a la ciudad. Más tiempo para disfrutar”

El espacio público
es un componente
vital en este
proyecto del
Grupo Argos.

Otro componente esencial fueron áreas de espacio público generosas. “Cuando arrancamos en la ciudad había –85 cm2 de espacio público por habitante, según el DTS del POT. En nuestros urbanismos contamos con 6 metros cuadrados por habitante. En Ciudad de Mallorquín, por ejemplo, tenemos un gran parque central donde todos en la comunidad pueden compartir”. Y este punto conduce a la parte más interesante e innovadora de la iniciativa. Se trata de la democratización de la ciudad. “En el proceso de crear una ciudad multiuso, se nos volvió una obsesión lograr la ciudad multiestrato. Históricamente, una ubicación como esta, con vista al mar Caribe, hubiera sido pensada para construir vivienda para los estratos altos. Por lo general, los constructores aprovechan las zonas fuera de la ciudad para cumplir con sus obligaciones VIS y VIP; sin embargo, en muchos casos no funcionan porque la comunidad que se crea se siente desarraigada”, puntualiza Sarabia. Para lograrlo, el principal desafío fue contar con los aliados idóneos. “Si bien les vendemos los lotes a los constructores, siempre estamos pensando en el cliente final y cómo garantizarle una mejor calidad de vida. Por consiguiente, antes de vender estudiamos y avalamos los proyectos que se piensan construir. Un proyecto mal concebido se devalúa en el tiempo, por eso somos muy cuidadosos. Buscamos que las constructoras trabajen con las comunidades de los proyectos. En esta primera etapa nos acompañaron Amarilo, Constructora Bolívar, Colpatria, Conaco y Marval, que son extraordinarios en el desarrollo de este tipo de vivienda”, explica Diana Vélez, gerente comercial del negocio de desarrollo urbano de Grupo Argos. Y este es solo el inicio. El equipo del negocio de desarrollo urbano de Grupo Argos sueña con hacerles un seguimiento a las comunidades que se instalarán allí, para ver cómo dentro de unos años este tipo de iniciativas se convierten en ejemplo de construcción de país y de una sociedad más equitativa y justa. Ya quedó demostrado que es posible. “La clave consiste en estar conectado con el mercado, entender sus necesidades y solucionar un problema que es el déficit de vivienda de buena calidad”. ■

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