Esta casa en La Mesa, Cundinamarca es un paraíso entre el paisaje montañoso y tropical de la región

Por Revista AXXIS
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Septiembre
3 - 2015
Crédito de la foto: Rodrigo Dávila
Este modesto refugio, de 150 metros cuadrados, está inserto en un lote inclinado, de 2.400 metros cuadrados, para aprovechar cada parte del exuberante paisaje montañoso y del bosque húmedo tropical.

Para los arquitectos Fernando De La Carrera y Alejandro Cavanzo, socios de la firma De La Carrera Cavanzo Ltda., encargados del diseño y la construcción de esta casa ubicada en La Mesa, su arquitectura surge como un balcón que mira al exuberante entorno verde y se funde con el paisaje gracias a la selección de materiales como las cubiertas de teja de cerámica plana y las mamparas batientes que se abren por completo para transformarse en aleros que resguardan a sus dueños de las frecuentes lluvias del lugar.

La particularidad del diseño consiste en que de ser un volumen hermético y cerrado se transforma en un instante en una maloca totalmente abierta gracias al uso de mamparas tejidas de sapán por el carpintero Jorge Granados, que mitigan el sol de la tarde y permiten graduar su inclinación a conveniencia de los usuarios para protegerse del clima sin perder la magnífica vista y los inigualables atardeceres en el costado occidental de la casa.

Por otra parte, la circulación está reducida al mínimo y corresponde a la escalera de sapán que conecta las dos plantas, todo con el fin de aprovechar al máximo el área construida.

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Al acceder por el primer piso está, a la izquierda, el baño social y, a la derecha, la escalera; unos pasos más adelante aparece la zona social, a la izquierda la despensa, seguida por la cocina abierta –separada del comedor por un mesón de madera–. El cerramiento de la vivienda está dado por puertas tejidas que se pliegan como un abanico, las cuales diluyen el límite entre lo construido y el paisaje.

La fachada occidental de la casa, donde se encuentran el comedor y el salón, se cierra con tres mamparas de marco metálico y tejido de sapán, que al ser batientes pueden abrirse completamente y convertirse en aleros que protegen el deck de madera, donde se halla la piscina rectangular del mismo ancho que el área social.

A la derecha del acceso, colindante con la escalera de madera, está un volumen prismático pañetado de color blanco que concentra en dos plantas las tres alcobas dos en el primer piso –que comparten un baño central, concebido como un jardín al aire libre que aprovecha las condiciones del lugar– y la principal en el segundo nivel –con su baño y una terraza que da contra el horizonte–.

La estructura de la casa estuvo a cargo de CNI Ingenieros Consultores Ltda. y es un elemento escultórico que le da un toque distintivo al estar construida con madera de pino cultivado, que mitiga la huella de carbono y protege el medioambiente al no usar maderas exóticas.

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En el diseño interior y los acabados, realizados por Laura Pinto y Ana María Piñeros, cada detalle habla el mismo idioma que en el exterior, un lenguaje de practicidad, simplicidad y, ante todo, del encanto de la artesanía; los materiales naturales y la magia de una arquitectura que puede abrirse o cerrarse en un instante, hacen de este pequeño refugio tropical un paraíso que se funde con su entorno.

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