Conozca esta increíble casa escondida en medio de las montañas de la capital antioqueña

Por fotografía: carlos tobón Textos: ramón andrés nivia Producción: ana maría zuluaga
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Mayo
19 - 2016
Esta casa, orientada hacia la vista sobre Medellín, cuenta con una decoración única y muy personal, donde cada pieza tiene un significado especial para sus propietarios.

Un gran portón de madera –de 6 metros de alto por 4 de ancho– es lo primero que encuentran los visitantes cuando llegan a esta casa en la capital antioqueña. Al atravesarlo, se accede al hall principal, que remata visualmente en un gran ventanal con una amplia panorámica de una quebrada y la vegetación nativa.

Este espacio, que originalmente terminaba en un espejo de agua –eliminado para aprovechar esa área–, divide la vivienda en dos, y cuenta con una dramática iluminación natural gracias a la pérgola de concreto y vidrio que lo cubre.

 

“El hall es el corazón y centro de esta casa. Es el elemento que utilizamos para definir y articular las actividades, tanto en el primer como en el segundo piso”, explica el arquitecto antioqueño Camilo Mejía, responsable del proyecto junto a sus colegas Alejandro Restrepo y Felipe Mesa.

En virtud de lo anterior, si en la planta baja el visitante gira a la derecha llega al ambiente social, donde el comedor no tiene muros –solo una puerta corredera de vidrio–- para aprovechar al máximo la vista sobre la ciudad. Si por el contrario, toma a la izquierda, accede a la zona de servicios, que cuenta con un dormitorio para el personal asistente, área de ropas y garaje; de esta manera, no importa por dónde ingrese, siempre el trayecto conduce al hall.

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Al subir las escaleras flotadas, protegidas por una pantalla hecha con varillas de acero que las enmarca como una obra de arte, un puente con pasamanos de vidrio distribuye a la derecha a la alcoba principal –con vista sobre la ciudad, baño privado y terraza– y a la izquierda a las habitaciones secundarias y a un family room que también es utilizado como home office

La disposición de la casa responde a la forma horizontal del terreno. “Su lado más corto da hacia la ciudad, por eso está dividida en un módulo delantero hacia Medellín y en uno trasero hacia la montaña. La ocupación del área es casi total, está acomodada cerca de los retiros del lote”, continúa el arquitecto.

La corta búsqueda

Tan pronto confirmaron su traslado a Medellín, los propietarios pensaron en buscar una casa con jardín, con generosa iluminación natural y rodeada por vegetación. “Veníamos de vivir más de veinte años en Bogotá, siempre en apartamentos y queríamos aprovechar el cambio y el clima de la ciudad para volver a una casa. Los dos pasamos nuestra infancia en viviendas amplias y deseábamos que nuestros hijos tuvieran esa experiencia”, recuerda la dueña.

 

Para su fortuna, la búsqueda tardó poco. “Encontramos esta casa por casualidad gracias a un buen amigo nuestro. Prácticamente no tuvimos que buscar, pues esta cumplía con todos los requisitos que buscábamos: vegetación tropical y mucha luz. Además de una hermosa vista a la ciudad y un clima muy agradable por cuenta de su ubicación –a 1.800 metros sobre el nivel del mar–”.

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La decoración es muy personal, y no se ciñe a una tendencia o una moda específica. Podría decirse que resulta de una amalgama de recuerdos y momentos que enriquecen cada espacio y cuentan las historias de quien los habita. Los muebles y objetos vinieron con ellos de Bogotá, y los han ido adquiriendo a lo largo de su vida juntos. Para este proyecto no compraron nada nuevo, solo distribuyeron lo que tenían en las diversas zonas de la casa.

Aquí unas sillas que pertenecían al abuelo de la propietaria se mezclan, tras su restauración, con una clásica mesa Tulip, diseño del arquitecto estadounidense de origen finlandés Eero Saarinen, o una lámpara de pie encontrada años atrás por su esposo en una tienda de París tiene ahora un espacio en el baño auxiliar.

Cada objeto recuerda un viaje, un momento en su vida, el tiempo que esta pareja sensible por el arte –evidente por las obras en los ambientes– ha pasado junta, porque como dice su dueña, esta no es una escueta casa, “es un hogar”.

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