En esta casa en Guasca, Cundinamarca, el protagonista es el vidrio

Por María Juanita Becerra
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Diciembre
22 - 2022
Crédito de la foto: Alejandro Arango – Pequeño Robot
Moderna, de grandes ventanales y volcada hacia el paisaje. Así es esta casa que aprovecha en su arquitectura el potencial de este material.

Un diálogo entre naturaleza y artificio. Negando la idea de que la tecnología riñe con la naturaleza, esta casa, realizada en un sistema constructivo prefabricado y con materiales de alta tecnología, no solo transmite una imagen contemporánea, sino que desvanece los límites entre afuera y adentro. 

Las formas se proyectan en voladizo para generar nuevos espacios.

El paisaje natural que la envuelve forma parte del espacio habitable y su domesticidad. “Uno de los principales objetivos del proyecto era que entre el interior y exterior de la casa no hubiera barreras físicas. Esta premisa se logra gracias a la transparencia del vidrio, sin duda uno de los grandes protagonistas del proyecto”, comenta el arquitecto Esteban Castro.  

Sumado a lo anterior, el componente funcional era clave: “Buscamos que la lógica arquitectónica fuera a su vez una lógica espacial, según la cual las áreas se disponen ordenada y racionalmente”. La geometría ortogonal y la sucesión funcional de los volúmenes que integran la casa permiten que las dinámicas del programa residencial armonicen con la apacibilidad del entorno natural.

Composición espacial de la casa

Basado en la forma e inclinación del terreno, el arquitecto creó una serie de terrazas exteriores en las fachadas oriental y occidental. La terraza oriental, construida mediante la técnica de remover la tierra, y cubierta por una pérgola translúcida y una persiana de madera, complementa el área social para ofrecer un espacio íntimo y cálido –protegido, además, de las corrientes de viento–. Entretanto, desde la occidental se admira el poniente durante las últimas horas de la tarde. 

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Asimismo, las condiciones del terreno motivaron al arquitecto a realizar un corte en el talud posterior y un muro de contención en L frente a la fachada principal. Sus visuales se extienden hacia el valle del Sopó. “Sobre dicho muro se construyó el bloque principal de la casa. El que se proyecta en voladizo en el costado norte y configura el acceso a la vivienda.

Además de una zona cubierta para parqueaderos. De esta forma se consigue separar los estacionamientos del área residencial y, sobre todo, asegurar que las visuales se conserven libres de obstáculos”. 

La estrategia bioclimática del proyecto

Para que la sensación térmica fuera agradable, el arquitecto implementó diferentes estrategias bioclimáticas. La temperatura interior oscila entre los 20 y 24 grados centígrados, un rango deseable, más aún tratándose de Guasca –Cundinamarca–, un municipio predominantemente frío. “Esto fue posible gracias a la cubierta: una placa plana de concreto sólido, cuya inercia térmica permite que en el día se obtenga calor suficiente y en la noche este no se escape y se mantenga.

Adicionalmente, las pérgolas de vidrio ubicadas en las terrazas exteriores crean un efecto invernadero que mitiga las bajas temperaturas. Las ventanas de doble vidrio laminado y el piso con calefacción radiante aportan a la generación de calor”. 

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La implantación de la vivienda como estrategia bioclimática fue fundamental: “Con sus fachadas más largas orientadas hacia el sol de la mañana y de la tarde, la casa capta la mayor cantidad de luz natural posible en la sabana de Bogotá”.

Los ideales de ligereza y transparencia –ampliamente difundidos hoy– se materializan en esta casa. Resignifican el vidrio como elemento arquitectónico a través de la luz y el paisaje. 

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