La casa brutalista en Subachoque donde ‘la arquitectura y la naturaleza son una sola cosa’

Por María Juanita Becerra
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Diciembre
15 - 2022
Crédito de la foto: Simon Bosch Photography
El carácter del concreto a la vista se funde con la naturaleza del lugar donde está emplazada esta casa.

Toda moda, aunque pasajera, vuelve. El concepto en boga es brutalismo: bloques geométricos de hormigón. Armado en los que se descubre no solo el proceso constructivo, sino el paso del tiempo. La radicalidad de este estilo se desprende de las necesidades humanas.

En sus inicios, el brutalismo era idóneo para reconstruir las ciudades devastadas tras la Segunda Guerra Mundial. Hoy se ha convertido en una respuesta honesta al cambio climático, que demanda cada vez más una arquitectura consciente del entorno. 

Esta vivienda, obra del arquitecto Julián Otálora, fundador de la firma A.Lugar, constituye un buen ejemplo de arquitectura en concreto o brutalista. En palabras de su autor: “Aquí el lujo de la casa está en la naturaleza. A través de los materiales, la construcción evoca el paisaje. Arquitectura y naturaleza son una sola cosa”.

Distribución espacial de la casa

El programa arquitectónico se distribuye en dos volúmenes principales que se leen como un solo elemento construido a base de concreto, ladrillo y vidrio. Además, inmerso en un bosque de árboles nativos. Cada volumen acoge diferentes usos: el primero comprende la zona social y el segundo las áreas privadas –o habitaciones. 

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La zona social abarca un área de más de 80 metros cuadrados, en los que se desarrollan las actividades propiamente familiares. La cocina –moderna y a su vez coherente con la estética de la casa– es el eje central de la dinámica familiar. Mientras que el comedor y la sala se integran al conjunto con una imagen acogedora. 

Al final del corredor que reparte a las habitaciones se encuentra la alcoba principal. Esta, caracterizada por la presencia de grandes ventanales de vidrio y un baño amplio. El que incluye un patio cuya vegetación rememora la imagen de un santuario natural. 

Para el arquitecto era importante que la luz natural bañara el interior y que todos los espacios tuvieran conexión directa con la naturaleza. Por ello instaló ventanas piso-techo y tragaluces a nivel de la cubierta. 

Asimismo, “los dos volúmenes están conectados lateralmente por una larga y descansada escalera. Este elemento permite disfrutar del recorrido gracias a un gran ventanal de forma circular que mira hacia los jardines exteriores. Al final de la escalera está el estudio, el que se relaciona visual y espacialmente con el jardín principal para transmitir así una sensación de tranquilidad y descanso”, agrega Otálora.

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Esta casa, que amplía los márgenes del diseño, pavimenta un camino poco transitado debido al régimen de la imagen por la imagen. Y, con una ética aplicada a la estética, redime el brutalismo como una postura necesaria y pertinente en el contexto de la arquitectura. 

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