La casa de verano minimalista enmarcada por el paisaje de Cundinamarca

Por Camilo Garavito
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Enero
3 - 2023
Crédito de la foto: Iván Ortiz
Enclavada en las montañas de Cundinamarca, esta casa surge de la admiración por la arquitectura residencial mexicana, especialmente de los proyectos desarrollados por Ricardo Legorreta, y la fascinación que generan el paisaje y la vegetación circundantes.

Concebida en conjunto por Eduardo Franco, arquitecto, y Carolina Puerto, administradora de profesión y diseñadora e interiorista por pasión, la casa fue construida para el descanso y la familia. Su estructura alberga seis habitaciones, cuatro de ellas con una conformación de carácter tradicional. Las otras dos son alcobas grandes pobladas de camarotes, donde los niños y las niñas encuentran un mundo a su medida para compartir. 

Casa Cundinamarca

Las zonas sociales, abiertas hacia el paisaje, se estructuran alrededor de la piscina, el elemento central de convivencia, y de una sucesión de patios que enmarcan las visuales del entorno mientras permiten el paso ininterrumpido de la ventilación natural, que hace los espacios más frescos y agradables. 

Casa Cundinamarca

¿Cómo está estructurada la obra?

Casa Cundinamarca

La arquitectura de la casa se estructura a partir de algunos pocos muros, largos y de generosa altura. Por medio de la aparición de intersecciones y pórticos crean umbrales y delimitan sutilmente los espacios. “Quisimos que la experiencia fuera un recorrido lleno de sorpresas”, explica Carolina Puerto.

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Por esto, al llegar el visitante es recibido por un patio, ensimismado y austero, que exhibe un espejo de agua y tres palmas botella, pero que guarda la presencia del verde circundante para una experiencia posterior. Al adentrarse en esta sucesión de espacios, la persona empieza a percibir el paisaje y el entorno. Estos, capturados en distintos ángulos por los pórticos y vacíos entre los muros. “No queríamos ni un solo cuadro. La intención siempre fue que los pórticos y las ventanas enmarcaran el paisaje, a manera de obras de arte”.

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La posición de la piscina fue una de las primeras decisiones de diseño. “Eduardo la ubicó de tal manera que pudiera disfrutar del sol durante todo el día sin interrupciones. Por el contrario, las habitaciones se orientan para resguardarse de este y mantenerse siempre frescas”. 

Frente a la piscina ubicaron la sala, completamente abierta, que genera un área cubierta y cómoda en permanente interacción con el agua. Una cama colgante de 2 por 2 metros fue incorporada a la estructura de la cubierta, justo frente al agua. “Es el lugar más utilizado de la casa, un espacio para quitarte los zapatos y subir los pies”. 

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El agua, que da la vuelta y envuelve el frente social de la vivienda, convierte a la piscina y sus variadas profundidades en un espacio polifuncional que se utiliza para nadar, a manera de playa, para descansar o para jugar, siempre bajo el sol. “La pizarra verde está inspirada en las piscinas balinesas. Estando tan lejos del mar, lo lógico no es irse por el azul, sino por el verde que permite entonarla con el entorno”.

Sobre los materiales de la casa

Con el propósito de minimizar los requisitos de mantenimiento, la materialidad de la vivienda es deliberadamente austera. Mobiliario en mampostería, muros en pañete y pintura –en colores blanco y taupé, que se mimetizan con el entorno–, y un piso de piedra muñeca de gran formato que se extiende por absolutamente todos los espacios de manera homogénea. Los que generan una sensación cómoda y táctil al caminar descalzo. 

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Algunos elementos puntuales complementan este telón de fondo: muebles tejidos en fibras naturales, como las poltronas balinesas de la sala; la cortina en fibras naturales, tejida por Mónica de Rhodes, que protege el comedor; las fibras de plátano que envuelven la cama colgante –desplegadas por un artesano local– o los cabeceros de las camas, trenzados en cuero por Justiniano Alfonso. 

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El comedor, por su parte, fue desarrollado por Carolina Puerto, pensando en que debía estar preparado para recibir de 16 a 18 personas. “Son dos mesas fundidas. Sus tapas en mármol giran como un Lazy Susan. ¡Cuando hay tanta gente funcionan de maravilla!”. 

La estructura de la vivienda contiene embebidas unas puertas desplegables, como las de un garaje, que pueden cerrarse completamente y que pasan inadvertidas en el día a día. Con sus alturas generosas y espacios abiertos que incorporan el aire y el verde del exterior, y a partir de una paleta de materiales sencilla y austera. La casa, puesta en pie hace casi dos décadas, funciona tan bien como el primer día.

Cinco puntos para destacar

1. La piscina es el elemento central en la convivencia de esta casa. 

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2. Las zonas sociales están estructuradas alrededor del agua y de una sucesión de patios que enmarcan las visuales. 

3. Puertas desplegables están embebidas en la estructura de la casa para cerrarla completamente cuando no está en uso. 

4. En la sala abierta, frente a la piscina, incorporaron a la estructura de la cubierta una cama colgante de 2 por 2 metros. 

5. La materialidad de esta vivienda es austera para así reducir los requerimientos de mantenimiento. 

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