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Por definición, las modas son efímeras, pero en ocasiones lo suficientemente estables para crear una tendencia que con el tiempo se recrea hasta tornarse permanente y, en el mejor de los casos, trascender a un estilo clásico. Esa ambigüedad está presente en Tcherassi Hotel + spa, pues en él hay elementos que cambian según la temporada –como las batas de baño, las flores y otros accesorios decorativos– pero que se mantienen dentro de un sello personal que les confiere su carácter. Es así como este fashion hotel desnuda el estilo sobrio, elegante y casual que caracteriza a Silvia Tcherassi en el mundo del prêt-à-porter.
Esta casona combina la arquitectura colonial tradicional con la arquitectura contemporánea. La colonial se mantuvo gracias a la restauración de muros, columnas, arcos y balcones originales, y la contemporánea se logró con la adaptación de espacios existentes o la construcción de nuevas áreas con materiales y técnicas de vanguardia. “Se trata de una restauración colonial. En los interiores, la arquitectura se intervino con modernismo de vanguardia”, sintetizan el barranquillero Virgilio Sierra y el estadounidense Joseph McCauley, de la firma estudioMORFO. Ellos fueron los arquitectos que lideraron el proceso de diseño, construcción, restauración y decoración de este proyecto, que duró 18 meses en ejecución. En los últimos años, Sierra y McCauley han desarrollado todas las boutiques de Tcherassi, y por eso están sincronizados en términos de visión y estilo. La intervención de Eduardo Méndez y Marta Wiesner, de Méndez & Wiesner, también fue crucial en el proceso de restauración.
El resultado de este trabajo en conjunto es una atmósfera ecléctica con acento zen tropical, dominada por el color blanco y una nutrida vegetación dispuesta en dos jardines verticales, que están compuestos por casi dos mil plantas de 87 especies caribeñas: el del lounge es el jardín de los helechos, y el del spa, el de las orquídeas. Entre las piezas que constituyen la decoración se destaca una obra de la artista barranquillera Sara Modiano, quien creó una sutil caja metálica con rostros moldeados en alambre. Pese a que las siete habitaciones –distinguidas con los nombres de las telas favoritas de Tcherassi– mantienen un concepto uniforme, cada una tiene una estética particular debido a su estructura física, a su ubicación dentro de la casa y a algunas características de su mobiliario. Adicionalmente, el diseño de las lámparas, el vestuario de los empleados y la lencería, entre otros detalles, fueron desarrollados por el mismo equipo que produce los vestidos y accesorios creados por la diseñadora de modas, pionera en América Latina en incursionar en la hotelería.
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