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En zona rural de Cundinamarca los arquitectos Antonio Yemail y Michel Pineda diseñaron un espacio que desde su concepción revela su carácter novedoso. El dueño anhelaba un lugar que le sirviera para encargarse de las labores del campo y que pudiera convertir en su vivienda permanente. “Algo parecido al típico barn (granero tradicional norteamericano), pero con una bodega y que, al mismo tiempo, fuera un espacio habitable”, afirman los arquitectos, que integran la Oficina informal de arquitectura.
La mezcla de materiales definió la construcción: “Nos decidimos por una estructura metálica fácil y rápida de armar e hicimos un estudio de los materiales de la zona que podíamos integrar al diseño, el cual nos aportó por ejemplo la piedra de Suesca”, explican y agregan que “nos la jugamos por definir el concepto de casa y granero del edificio a partir del manejo de sus pieles externas, con un trabajo de mezcla de materiales que siempre ha sido una de las principales búsquedas de nuestra arquitectura”.
Esa búsqueda es la que se percibe en esta novedosa construcción, que con un inteligente y sencillo trabajo de materiales logra crear un espacio sólido a partir del contraste entre lo agreste y lo habitable. Contraste que se observa desde un primer acercamiento, pues la vocación del edificio es clara cuando se lo mira desde afuera: la mampostería, la piedra y el vidrio determinan la parte habitable, y la campestre una textura industrial como la de lámina galvanizada, poco habitual en estas construcciones. “Queríamos marcar la diferencia de entrada; que los usos del espacio se pudieran leer a partir de los materiales”. En este trabajo de texturas exteriores fue importante la madera en las puertas, pensada para suavizar y equilibrar lo industrial: “Junto a un material frío y brillante como la teja galvanizada, la madera y la piedra construyen la idea de casa en relación con un edificio de trabajo de campo”.
En el interior las diferencias también son claras. Aunque los espacios están demarcados por un muro, terminan siendo unificados por los mismos materiales del exterior: con lámina doblada se cubren los bombillos; una ventana que funciona a la vez como repisa conecta visualmente los dos espacios; y el roble, presente en el entrepiso de la zona de campo, aparece también en la casa, en las despensas de la cocina, los baños y los clósets de las habitaciones. Otro aspecto novedoso en esta obra fueron las ventanas para la zona de trabajo: “Habitualmente estos edificios están cerrados, pero aquí el cliente quería un espacio que le sirviera como área social, por lo que en el entrepiso diseñamos unas ventanas en la misma lámina, casi imperceptibles cuando están cerradas”, explica Yemail.
Como en la zona el clima es extremo –en poco tiempo puede pasar de un fuerte calor a un frío intenso– y recibe toda la fuerza del viento, los arquitectos decidieron usar piedra para captar el calor del sol de la tarde y generar un ambiente agradable al favorecer la inercia térmica de la madera. También para calentar el lugar, construyeron una chimenea en cada piso, una encima de la otra y con la posibilidad de que el hogar esté abierto a dos espacios.
Gracias a la atinada selección de los materiales y a las buenas ideas se concretó un espacio que, según los arquitectos, está hecho realmente a la medida de su cliente.
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